Psicología para adolescentes
Cuidando la salud psicológica en la adolescencia
Acompañamos a los jóvenes y sus familias con un enfoque personalizado y profundo, adaptando cada intervención a sus necesidades reales.
Atención psicológica para etapa juvenil
La etapa juvenil en la vida de una persona es una de las más importantes y es la que, en mayor medida, definirá la personalidad y la conducta de dicha persona el resto de su vida. En Psicología Zaragoza® contamos con un gabinete especialista en psicología juvenil en Zaragoza. Entendemos que el absolutamente primordial tratar los trastornos psicológicos que ocurren en esta crucial etapa de una forma individual y en profundidad.
Atendiendo a nuestra metodología de trabajo, el primer paso que damos es conocer y estudiar de forma exhaustiva el entorno social de nuestros pacientes de psicología juvenil. El centro de estudios, así como las relaciones familiares y amistades inciden en el desarrollo psicológico de los jóvenes. Es imprescindible conocer cómo es este entorno del menor, para poder localizar aquellos factores que hayan podido resultar clave en el origen y mantenimiento del problema.
Tras encontrar la causa, planificamos y desarrollamos un tratamiento individual y único de psicología juvenil, que se ajuste a diagnóstico, para atajar las consecuencias psicológicas y trastornos que provoca.
Una vez marcadas las líneas de actuación, aplicamos el tratamiento según la planificación y basándonos en tres pilares fundamentales, sin los cuales la efectividad de nuestros especialistas en psicología juvenil en Zaragoza se vería afectada: Veracidad por todas las partes; si no conocemos la causas verdaderas, no podemos frenar las consecuencias. Comunicación; es necesario conocer día a día el avance y los progresos del tratamiento psicológico para introducir correcciones y reforzar los puntos fuertes. Compromiso; en ocasiones, tanto a pacientes como a familiares y profesionales quisiéramos ver progresos de forma más rápida, pero cada persona es un caso único y responde de manera distinta; lo verdaderamente importante es mejorar cada día.
Asistencia psicológica
Supervisión por Psicología Zaragoza®
El inicio de la adolescencia conlleva una serie de cambios físicos, sociales y psicológicos que en ocasiones resultan complicados de gestionar. Además, la intensidad de exigencias en los estudios y el incremento de responsabilidades pueden incidir en esta dificultad de adaptación. Por ello, es frecuente la aparición de conductas disruptivas, cambios en la autoestima, dificultades en las amistades (así como problemas en la gestión de las redes sociales) o en las relaciones familiares.
Estas dificultades si no se orientan de manera adecuada pueden incidir en el correcto desarrollo hacia la edad adulta. Además, la sociedad actual plantea muchos retos al respecto (estudios, amistades, relaciones familiares). Los padres, en ocasiones pueden sentir que no pueden ayudar a sus hijos o hijas en esta transición hacia la vida adulta y por ello ven adecuado solicitar una ayuda externa. El menor, sin embargo, puede no ser consciente de estas dificultades.
Metodología en la psicología adolescente
Valoración del problema a trabajar
Es muy importante hacer una correcta valoración de la demanda. En algunos casos y dependiendo de la edad del menor, el planteamiento de esta primera visita puede ser diferente. Así, habrá casos en los que resulte esencial obtener información por parte de los padres. En cualquier caso, en el primer contacto telefónico se pueden plantear dudas al respecto.
Información presente
Se debe identificar el problema del niño, cuánto afecta a su vida y entorno, cómo se maneja y, en adolescentes, acordar metas terapéuticas claras por posibles diferencias entre padres y menor.
¿Problemas individuales?
Hay que considerar acontecimientos importantes en la vida del niño (cambios, pérdidas, enfermedades, clima familiar), porque pueden influir en su personalidad y afrontamiento, e incluso mantener el problema; por eso el psicólogo debe conocerlos.
Además y si el caso lo requiriere, puede ser interesante solicitar valoraciones a los profesionales pertinentes (tutores, orientadores escolares,…) mediante entrevistas, cuestionarios, pruebas estandarizadas y test psicométricos.
Intervención terapéutica
Tras la valoración, se planteará una intervención adaptada a las demandas presentadas. Se establecerán unos objetivos y metas claros, explicando detalladamente cómo se intentará alcanzarlos. En función de esto, se determinará la periodicidad de las sesiones.
En el caso de la adolescencia, es imprescindible pactar estos objetivos con el menor, para lograr su implicación activa en el proceso. Por ello, el vínculo entre terapeuta y paciente deberá ser cuidado y fortalecido de manera especial.
Progresión en la intervención
La duración de la intervención es específica para cada caso. No obstante, debe existir una comunicación periódica y frecuente sobre la progresión del proceso, buscando la cooperación e implicación del sistema familiar.
En estos encuentros se informará a los padres sobre los avances, los obstáculos a superar, los objetivos trabajados con el menor durante las sesiones y las técnicas empleadas.
Cuando exista riesgo de comprometer la alianza terapéutica entre psicólogo y menor, estos contactos serán diseñados con especial cuidado.
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Implicación del adolescente en la visita al psicólogo
Una característica propia de esta edad es la necesidad de declararse personas independientes defendiendo sus criterios frente a los del mundo adulto y especialmente el de los padres.
Además, tal y como se ha comentado, existe una dificultad a la hora de proponerles una ayuda externa a sus problemas, si no han sido ellos los que la han pedido previamente. Y es que nosotros, como padres, podemos ver un problema que ellos no comparten y por lo tanto se nieguen a acudir a un especialista, y nos inviten a nosotros a ser los que acudamos.
¿Cómo conseguir que acudan a consulta los adolescentes?
- Elegir el momento adecuado
- Exponer con sinceridad el nivel de preocupación que tenemos sin responsabilizarlo a él. No dramatizar.
- Informar de nuestra intención de buscar ayuda.
- Transmitirle nuestro deseo de que ellos participen en esta solución.
- Habrá que respetar la decisión que tomen. No habrá posibilidad de trabajo si el adolescente no comparte la percepción de problema y no tiene motivación para iniciar un tratamiento.
- Nunca hay que engañar, mentir, compararlos con otros, etc.
- Sería posible trabajar sin la presencia del adolescente en consulta siempre y cuando el profesional considere que conseguir cambios por parte de los padres (actitudes, manejo de conflictos, pautas de comunicación,…) pudieran ser factores que puedan ayudar a suscitar la colaboración del adolescente.
